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Santo, Santo, Santo es el Señor Dios uno y Trino, lleno esta el cielo y la tierra de Su Gloria

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Akatistos a la Madre de Dios

El Akatistos es un himno litúrgico que se reza en la Iglesia Bizantina en honor a Jesucristo, a la Madre de Dios, al Espíritu Santo o a algún santo.  

Su nombre derivado del griego (a =negativo, y kathistomai=sentarse) significa "no sentado" o "de pie" como se está ante el Evangelio, en señal de atención reverente.

En el rito bizantino el Akatistos a la Madre de Dios ocupa un lugar privilegiado y goza de su propia fiesta: el quinto sábado de la gran cuaresma, llamado precisamente por eso: Sábado del Akáthistos.
Se desconoce el nombre de su autor. Entonces, el himno es de todos porque es de la Iglesia.En él un gran poeta, teólogo y contemplativo supo reducir a oración todo lo que la fe profesa.

Hay en el himno tres expresiones claves: Alégrate. Aleluya. Madre, Siempre Virgen.

¡Alégrate! Palabra biblica y profética con la que el Ángel saluda a María en la Anunciación. Es la invitación de Dios al gozo por la bendición del cielo que se ofrece al mundo por María.

¡Aleluya! Es una aclamación de alabanza dirigida al Señor a quien se refieren las estrofas pares del himno, tras las cuales corresponde cantar el Aleluya porque de él proceden la gracia y la verdad que inundan a María y se derraman en el mundo por la Anunciación y la Encarnación.

¡Madre, Siempre Virgen! Esta aclamación cierra las estrofas impares que se refieren a María y une en el canto al coro con la asamblea. Ella fija la mente de los fieles en la Virgen Madre: Mujer íntimamente unida a Dios llamada Madre, Esposa; y tan libre de toda posesión humana que es llamada Virgen. Así la suprema condición humana es revestida de lo divino, pero sin perder su condición de criatura.

 

Recopilación: Hna Mónica Jaciuk, OSBM
Bibliografía: Bibliografía consultada: Akathistos, traducción  del P. Jesús Castellano, O.C.D.
Padre Hector Zimmer y equipo catequistico de la Eparquia Ucrania - Argentina.



Parte I
Hechos basados en la Sagrada Escritura

A ti, oh Madre de Dios, vencedora de la lucha,
te entonamos este canto de triunfo
y te damos gracias por tu protección.
Porque Tú, fuerte como nadie,
nos libras de todos los peligros,
por eso te cantamos: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA!¡ALELUYA!¡ALELUYA!

Un ángel fue enviado del cielo
a decir "Alégrate" a María.
Y contemplándote, oh Dios, hecho hombre
por virtud del angélico anuncio,
extasiado quedó ante la Virgen, y así le cantaba:

Alégrate, por ti resplandece la dicha;
Alégrate, por ti se eclipsa la pena.
légrate, levantas a Adán, el caído;
Alégrate, rescatas el llanto de Eva.
Alégrate, oh ideal encumbrado de la mente humana;
Alégrate, abismo profundo que el ángel admira.
Alégrate, tú eres el trono del Rey;
Alégrate, en ti  llevas al que todo sostiene.
Alégrate, lucero que el Sol anuncia;
Alégrate, ceno en el cual Dios que se encarna.
Alégrate, por ti la creación se renueva;
Alégrate, por ti el Creador es adorado.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Sabiendo María que era Virgen intacta
serena responde a Gabriel:
"Tu extraño  mensaje resulta
un enigma en mi alma;
predices un raro embarazo
de un seno Virgen exclamando: ¡ALELUYA!,

¡ALELUYA!, ¡ALELUYA!¡ALELUYA!


Buscaba María  comprender el misterio
insistiendo al heraldo divino:
"¿Podrá acaso mi seno de Virgen
dar luz a ese Niño?,
respóndeme, te ruego".
Y él, reverente así lo aclamaba:

Alégrate, iniciada en el alto designio;
Alégrate, tú oh prueba de arcano misterio.
Alégrate, milagro primero de Cristo;
Alégrate, cimiento de fe en Jesús.
Alégrate, celeste escalera que Dios ha bajado;
Alégrate, oh puente que llevas los hombres al cielo.
Alégrate, milagro que cantan los ángeles buenos;
Alégrate, espanto sentido por todo en infierno.
Alégrate, la inefable luz alumbraste;
Alégrate, a ninguno revelaste el secreto.
Alégrate, la ciencia del sabio superas;
Alégrate, del fiel iluminas la mente.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

El poder del Altísimo
la cubrió con su sombra
y fue Madre la Virgen,
sin dejar su inocencia;
y aquel seno por Dios fecundado
vino a ser un campo muy fértil
para todo el que busca la gracia
cantando: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA!, ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

Con el Niño en su seno,
presurosa María caminó y saludó a Isabel;
y el pequeño que la anciana llevaba en su seno
escuchó esa voz virginal;
regocijándose y saltando de gozo,
a la Madre le cantaba:

Alégrate, brote del tronco inmortal;
Alégrate, campo  del Fruto incorrupto.
Alégrate, cultivas al gran sembrador;
Alégrate, das vida al Autor de la vida.
Alégrate, campo cargado de misericordia;
Alégrate, mesa de perdón abundante.
Alégrate, en Ti renace un jardín de delicias;
Alégrate, Tú das a las almas refugio y descanso.
Alégrate, incienso de grata plegaria;
Alégrate, ofrenda que el mundo redime.
Alégrate, sonrisa de Dios hacia el hombre;
Alégrate, esperanza del hombre con Dios.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Con la mente en tumulto,
inundado de dudas,
el prudente José se debate.
Te conoce cual Virgen intacta;
desposorios secretos sospecha.
Al saber que es acción del Espíritu,
exclama: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA!, ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

Los pastores oyeron los angélicos coros
que al Señor hecho hombre cantaban.
Para ver al Pastor van corriendo;
un Cordero Inocente contemplan
que del pecho materno se nutre,
y a la Virgen le cantan:

Alégrate, Nutriz del Pastor y Cordero;
Alégrate, aprisco de fieles rebaños.
Alégrate, barrera a las fieras hostiles;
Alégrate, ingreso que da al Paraíso.
Alégrate, por ti con la tierra exultan los cielos;
Alégrate, por ti con los cielos se alegra la tierra.
Alégrate, de Apóstoles boca que nunca enmudece;
Alégrate, de Mártires fuerza que nadie somete.
Alégrate, de fe inconcuso cimiento;
Alégrate, fulgente estandarte de gracia.
Alégrate, por ti es despojado el averno;
Alégrate, por ti revestimos la gloria.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Observando la estrella
que hacia Dios los guiaba,
sus fulgores siguieron los Magos.
Era antorcha segura en su ruta;
los condujo ante el Rey Poderoso.
Al llegar hasta el Inalcanzable,
le cantan; ¡ALELUYA!

ALELUYA!, ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

Contemplaron los Magos
entre brazos maternos
al que al hombre plasmó con sus manos.
Comprendieron que era Él su Señor,
a pesar de su forma de esclavo:
presurosos le ofrecen sus dones,
y a la Madre proclaman:

Alégrate, oh Madre del Sol sin ocaso;
Alégrate, aurora del místico Día.
Alégrate, tú apagas hogueras de errores;
Alégrate, Dios Trino al creyente revelas.
Alégrate, derribas del trono al tirano enemigo;
Alégrate, nos muestras a Cristo el Señor y el Amigo.
Alégrate, nos has liberado de bárbaros ritos;
Alégrate, nos has redimido de acciones de barro.
Alégrate, destruyes el culto del fuego;
Alégrate, extingues las llamas del vicio.
Alégrate, camino a la santa templanza;
Alégrate, alegría de todas las gentes.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Portadores y heraldos
de Dios eran los Magos,
de regreso, allá en Babilonia.
Se cumplía el oráculo antiguo
cuando a todos hablaban de Cristo,
sin pensar en el necio Herodes
que no canta: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA!, ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!


El Egipto iluminas
con la luz verdadera
persiguiendo el error tenebroso.
A tu paso caían los dioses,
no pudiendo, Señor, soportarte;
y los hombres, salvados de engaño,
a la Virgen aclaman:

Alégrate, levantas al género humano;
Alégrate, humillas a todo el infierno.
Alégrate, conculcas engaños y errores;
Alégrate, impugnas del ídolo el fraude.
Alégrate, oh mar que sumerge el cruel enemigo;
Alégrate, oh roca do beben sedientos de Vida.
Alégrate, columna de fuego que guía en tinieblas;
Alégrate, amplísima nube que cubres el mundo.
Alégrate, nos diste el Maná verdadero;
Alégrate, nos sirves Manjar de delicias.
Alégrate, oh Tierra por Dios prometida;
Alégrate, en ti fluyen la miel y la leche.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Simeón el anciano, al final de sus días,
de este mundo dejaba la sombra.
Presentado le fuiste cual niño,
más, al verte cual Dios poderoso,
admiró el arcano designio
y gritaba: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA!, ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

Parte II
Aspecto doctrinal

Misterios de la Fe
Renovó el Excelso de este mundo las leyes
cuando vino a habitar en la tierra.
Germinando en su seno incorrupto
lo conserva intacto cual era.
Asombrados por este prodigio,
a la Santa cantamos:

Alégrate, azucena de intacta belleza;
Alégrate, corona de noble firmeza.
Alégrate, la suerte futura revelas;
Alégrate, la angélica vida desvelas.
Alégrate, frutal exquisito que nutre a los fieles;
Alégrate, ramaje frondoso que a todos cobija.
Alégrate, llevaste en el seno quien guía al errante;
Alégrate, al mundo entregaste quien libra al esclavo.
Alégrate, plegaria ante el Juez verdadero;
Alégrate, perdón del que tuerce el sendero.
Alégrate, atavío que cubre al desnudo;
Alégrate, del hombre supremo deseo.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Ante el Parto admirable, alejados del mundo,
hacia el cielo elevamos la mente.
El Altísimo vino a la tierra
con la humilde semblanza de un pobre
y enaltece hasta cumbres de gloria,
a quien canta: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA! ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

Habitaba en la tierra
y llenaba los cielos
la Palabra de Dios infinita.
Su bajada amorosa hasta el hombre
no cambió su morada suprema.
Era el parto divino de Virgen
que este canto escuchaba:

Alégrate, mansión que contiene el Inmenso;
Alégrate, dintel del augusto Misterio.
Alégrate, de incrédulo equívoco anuncio;
Alégrate, del fiel Inequívoco orgullo.
Alégrate, carroza del Santo que portan querubes;
Alégrate, sitial del que adoran sin fin serafines.
Alégrate, tú sólo has unido dos cosas opuestas;
Alégrate, tú sola a la vez eres Virgen y Madre.
Alégrate, por ti fue borrada la culpa;
Alégrate, por ti Dios abrió el Paraíso.
Alégrate, tú llave del Reino de Cristo;
Alégrate, esperanza de bienes eternos.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Todo el orden angélico asombrado contempla
el misterio de Dios que se encarna.
Al Señor, al que nadie se acerca,
hecho hombre, accesible,
admira caminar por humanos senderos,
escuchando: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA!, ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

Oradores brillantes
como peces se callan ante ti.
Santa Madre del Verbo.
Cómo ha sido posible, no entienden,
ser tú Virgen después de ser Madre.
El prodigio admiramos tus fieles,
y con fe proclamamos:

Alégrate, sagrario de arcana Sapiencia;
Alégrate, despensa de la Providencia.
Alégrate, por ti se confunden los sabios;
Alégrate, por ti el orador enmudece.
Alégrate, por ti se aturden sutiles doctores;
Alégrate, por ti desfallecen autores de mitos.
Alégrate, disuelves enredos de agudos sofistas;
Alégrate, rellenas las redes de los Pescadores.
Alégrate, levantas de honda ignorancia;
Alégrate, nos llenas de ciencia suprema.
Alégrate, novio del que ama salvarse;
Alégrate, oh puerto en el mar de la vida.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Por salvar todo el orbe el Dios Alfarero
hasta el mundo bajó, porque quiso.
Por ser Dios era él Pastor nuestro;
se mostró por nosotros Cordero;
como igual sus iguales atrae;
cual Dios oye: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA!, ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

Virgen, Madre de Cristo,
Baluarte de vírgenes
y de todo el que en ti se refugia
el Divino Hacedor te dispuso
al tomar de ti carne en tu seno.
Y enseña a que todos cantemos
en tu honor, oh Inviolada:

Alégrate, columna de sacra pureza;
Alégrate, umbral de la vida perfecta.
Alégrate, tú inicias la nueva progenie;
Alégrate, dispensas bondades divinas.
Alégrate, de nuevo engendraste al nacido en deshonra;
Alégrate, talento infundiste al hombre insensato.
Alégrate, anulaste a Satán seductor de las almas;
Alégrate, nos diste al Señor sembrador de los castos.
Alégrate, regazo de nupcias divinas;
Alégrate, unión de los fieles con Cristo.
Alégrate, de vírgenes Madre y Maestra;
Alégrate, al Esposo conduces las almas.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Impotente es el canto
que alabar presumiera
de tu gracia el caudal infinito.
Como inmensa es la arena en la playa
pueden ser nuestros himnos, Rey Santo,
más no iguala los dones que has dado
a quien canta: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA!, IALELUYA! ¡ALELUYA!

Como antorcha luciente
del que yace en tinieblas,
resplandece la Virgen María.
Ha encendido la Luz Increada;
su fulgor ilumina las mentes
y conduce a la ciencia celeste
suscitando este canto:

Alégrate, oh rayo del Sol verdadero;
Alégrate, destello de Luz sin ocaso.
Alégrate, fulgor que iluminas las mentes;
Alégrate, cual trueno enemigos aterras.
Alégrate, surgieron de ti luminosos misterios;
Alégrate, brotaron en ti caudalosos arroyos.
Alégrate, figura eres tú de salubre piscina;
Alégrate, tú limpias las manchas de nuestros pecados.
Alégrate, oh fuente que lavas las almas;
Alégrate, oh copa que vierte alegría:
Alégrate, fragancia de ungüento de Cristo;
Alégrate, oh Vida del Sacro Banquete.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Por querer perdonarnos el pecado primero,
el que paga las deudas de todos,
de sus prófugos busca el asilo,
libremente del cielo exiliado.
Mas, rasgando el quirófrago antiguo,
oye un canto: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA!, ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

Celebrando tu parto,
a una voz te alabamos
como templo viviente, Señora.
Ha querido encerrarse en tu seno
el que todo contiene en su mano,
el que santa y gloriosa te ha hecho,
el que enseña a cantarte:

Alégrate, oh tienda del Verbo divino;
Alégrate, más grande que el gran Santuario.
Alégrate, oh Arca que Espíritu dora;
Alégrate, tesoro inexhausto de Vida.
Alégrate, diadema preciosa de reyes devotos;
Alégrate, orgullo glorioso de sacros ministros.
Alégrate, firmísimo alcázar de toda la Iglesia;
Alégrate, muralla invencible de todo el Imperio.
Alégrate, por ti enarbolamos trofeos;
Alégrate, por ti sucumbió el adversario.
Alégrate, remedio eficaz de mi carne;
Alégrate, inmortal salvación de mi alma.
Alégrate, oh Madre, siempre VIRGEN!

Digna de toda loa, Madre Santa del Verbo,
el más Santo entre todos los Santos;
nuestra ofrenda recibe en el canto;
salva al mundo de todo peligro;
del castigo inminente libera
a quien canta: ¡ALELUYA!

¡ALELUYA! ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!



F@milia
Basiliana Orante

(Vitrual - por email)

Es miembro de esta Familia la persona que quiere participar
en la dimensión
contemplativa - activa
de las Hermanas de la Orden de San Basilio ofreciendo su tiempo de oración y sus talentos o dones al servicio de la extensión del
Reino de Dios.

Inspirado en
San Basilio Magno: descubre a Dios en las Sagradas Escrituras,
lo contempla en los íconos, lo celebra en la Divina Liturgia (Misa) e intercede por otros con la oración:
Jesús Hijo de Dios,
ten piedad de mi, pecador.

Esta experiencia
en Dios, Uno y Trino, transmite al mundo
con el buen ejemplo
de vida manifiestado en el lugar donde cada uno se encuentra.

“Mira que estoy a la puerta... Si alguno oye mi voz  y abre la puerta,
         entraré a su casa …(Ap 3,20)."   

Si Dios te llama a ser miembro de esta f@milia déjate invitar.

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